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Respeto

En los tiempos de la dictadura se acostumbraba a decir que un raso de la Guardia Nacional mandaba más que un ministro, era comprensible entonces, porque el país estaba bajo la férula de un régimen militar desconocedor de los procedimientos, en el que la palabra del entorchado, por ínfimo que fuera su rango equivalía a ley.

Luego del advenimiento de la democracia, la fuerza pública se ha tenido que ajustar al Estado de Derecho y ceñirse a la estricta observancia del procedimiento legal en sus actuaciones.

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Eso es bueno. Lo malo es que algunos ciudadanos vean en esto debilidad o apocamiento del policía y pretendan avasallarlo como ocurrió hace poco con una unidad femenina.

Hay que respetar a los agentes de la autoridad, y estos agentes también deben respetar a los ciudadanos.

Empero, es necesario que se sepa que no se puede amenazar, agredir o maltratar verbalmente o de obra a ningún agente de la autoridad en el ejercicio de sus funciones, porque esta conducta está tipificada como delito y tiene su correspondiente sanción por el Código Penal.

Si alguien tiene algún reproche que hacer por abuso de los tongos, hay mecanismos legales e instancias administrativas para interponer las quejas y las denuncias, si fuera necesario.

Pero también los tongos tienen que entender que no pueden abusar, hay procedimientos y deben seguirlos.

Afortunadamente, la mayoría de nuestros policías cumplen con esos procedimientos y solo una minoría, tal vez nostálgica de los tiempos de la dictadura, es la que anda con ínfulas de siete machos.

Lo cierto es que el respeto es de ambas vías, no se puede irrespetar a la autoridad, porque lo que vendría a continuación sería el caos y la anarquía.

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