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Manipulación abierta y silencio cómplice

Por: Por José Raúl Mulino Q. Exministro de Seguridad Pública -

Desde que se inició la transición se escuchaba de un grupo de personas allegadas a Varela que se aprestaban a iniciar la preparación de todos los casos contra los miembros del gobierno de Martinelli. De esos nombres, el del abogado Saltarín afloraba en todas las listas de los armadores de casos. Hago la salvedad de que no creo haberlo conocido nunca.

Al nombrar a la nueva procuradora, su rostro expresaba la sumisión hacia un trabajo ordenado y premeditado por cumplir. Su paso por ese grupo, llámese Consejo de Seguridad, Grupo de los Nueve, la Taquilla, traía consigo, y ahora se sabe, una misión de perseguir y no solo al delito. Las fiscales nombradas eran mercenarias del derecho, con instrucciones impartidas y menosprecio absoluto por derechos y garantías, y el tiempo ha dado la razón y de qué manera, en adición a las vivencias nuestras. Mientras, medios de comunicación claramente parte de la orgía de venganza inventaban hasta sus "testigos encubiertos" sin ley que lo amparara para presentar mañana, tarde y noche sus "casos" con saña, sin objetividad alguna, con voceros alquilados u oficiosos enemigos de Martinelli y de todos los que trabajamos en su administración. Recordemos al excontralor con su "Bajo la Lupa" o al otro farsante de igual calaña dictando pautas de decencia y buen gobierno cuando todos sabemos lo que fue cuando tuvo poder y la manera ya sabida como solito se ha descalificado. Comunicadores emblemáticos hacían picadillos diarios de noticias colmadas de sesgos y conjeturas que movían al linchamiento sin juicio previo. ¡Ellos eran el tribunal! Ellos decían quiénes éramos corruptos, quiénes malversaron, quiénes debían pagar el peso de "su ley". ¿Pero la ley? ¡Eso era irrelevante!

Poco a poco fuimos arrestados "preventivamente" . Unos fueron a la DIJ primero y sometidos a toda suerte de humillaciones y torturas de distintas índoles, todas manifestadas a la jerarquía de la Iglesia que nos fue a visitar en febrero de 2016 a Ancón. Nadie hacía nada. Nadie pedía respeto a nuestros derechos, los cuales, para todos ellos, no debían existir. Nuestras familias, no todas por miedo, junto a Marta de Martinelli y un grupo de bases del CD iniciaron las vigilias. Pequeño grupo al inicio al que nadie oía y eran objeto de burlas por los "comentólogos" matutinos, vespertinos y dominicales. Los casos se nutrían de tomos del periódico La Prensa como prueba idónea para procesarnos sin mayores elementos de convicción que las opiniones de sus esbirros o el trabajo a sueldo de los suyos que ocupaban ya cargos de relevancia en el Gobierno y en el servicio exterior a cambio de misiones específicas. En todas las fórmulas de gestorías salía el nombre de Saltarín, aún arropado en la especulación por lo aberrante de su misión. Además, el de colegas que subían y bajaban escaleras buscando ofertar las ventajas de "la Taquilla" a cambio de libertades, cambios de medidas, fianzas bajas y todos, se decía, respondían a influyentes varelistas que lucraron con una perversa red de extorsión. Cada quien sabrá si habla de su caso o no. Yo me alegro de haber escogido un equipo legal lejos de esa escoria y que trabajamos con la ley en la mano, con mucha fe y con tenacidad y apoyo de medios amigos que daban cobertura a mis acciones, a mi familia, a mis escritos. No fueron pocos los que me pedían que no escribiera desde el penal o que bajara el tono. Jamás lo hice. Ya lo que había que perder estaba perdido y el daño era irreparable.

Lo publicado por Adelita Coriat en La Estrella de Panamá no es nuevo para nosotros. Ahora sabemos nombres, leemos documentos, entendemos situaciones que estaban confusas, observamos el lucro del colega y de otros que ayudaron a cuadrar el escenario perverso. Sabemos para qué los Weeden, Abad, la de Justicia y Paz de la Iglesia, la Movin opinaban de los expedientes. No era justicia lo que buscaban, sino venganza. Nadie dijo nunca que no se investigara y que al que le probaran en derecho su culpabilidad que pagara por sus delitos, pero el grito de "caiga quien caiga" era sin que rigiera el Estado de derecho para los CD, tal y como con Odebrecht y Blue Apple ha quedado demostrado. Ese reportaje marca delitos graves, situaciones legales de nulidades insostenibles, casos abiertamente contaminados desde su origen solo por el afán de venganza, pensando siempre en la eternidad ilusoria del poder. Muy delicado, triste y repugnante a la vez. Su odio a Martinelli acabó el país de todos, y sin haberse hecho nada cercano a la justicia.

Y luego de la cobertura investigativa, ¡silencio! ¡Sí, silencio! De todos los que antes esgrimían la justicia como su gran móvil de vida o a cada rato hablan de institucionalidad como un desvelo propio y meritorio. Ni una palabra salvo muy contados medios y programas que felicito. ¿Hace pensar que sabían? Evidente es que uno recibía en directo de fiscalías todo y luego era "notitia criminis" y basamento indubitable para meternos presos. ¡Farsa perversa te jugaste, Varela!

¿Podrá pasar algo? No creo, salvo la protesta ciudadana activa que dé al traste con todos y venga el "revolcón". Pero no veo nada pasando. Varela tiene ya el escenario electoral de su lado. Si todavía dudan de la constituyente, he aquí la triste realidad que la debería motivar. Seguiremos esperando, con la tranquilidad de haberlo dicho y propuesto con firmeza. Cada abogado ejercerá las acciones en su caso y sabremos si luego de tanto abuso hay espacio para hacer lo que dice la Constitución y los códigos. Solo eso se pide desde siempre, no de ahora. ¡Ya sabemos por qué!

¡Mientras, el reloj sigue su marcha y cada día que pasa es uno menos de todos ellos allá!

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