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Por: Por Milcíades Ortiz Catedrático -

No me da pena admitir que se me aguaron los ojos. Ocurrió hace 60 años, al terminar mis estudios en el Instituto Nacional, el glorioso Nido de Águilas. Eran las nueve de la mañana, del día siguiente a la graduación de la llamada generación del 59. Había decidido no asistir al acto, porque se dijo que el ministro de Educación de la época entregaría los diplomas. Ese funcionario no era muy querido entre los graduandos. Traté de que en señal de repudio no se asistiera a la ceremonia, pero no tuve respaldo.

Al final, el ministro no se apareció para evitar algún bochorno, y unos tres compañeros y yo no fuimos a recibir el diploma. Eso no evitó que participáramos en la celebración de la graduación. Asistimos a fiestas particulares y a bares, toda la noche. Al día siguiente decidimos ir a buscar mi diploma a la Rectoría del colegio. Cuando me dio el diploma el rector, mis mejores amigos comenzaron a cantar el himno del Instituto Nacional, en reconocimiento a mi actitud. Ahí fue cuando se me aguaron los ojos…

Han pasado 60 años y los 6 años de estudios en el Nido de Águilas parece que los hice ayer. No solo aprendí las materias, sino que se afianzó mi personalidad y vocación periodística. Sufrí amenazas de despidos por publicar artículos en los murales. Participamos en manifestaciones violentas contra la policía, pidiendo “más escuelas, menos cuarteles”. Defendí con arma en mano las instalaciones del colegio para que no la invadieran los policías. Éramos una generación de más de 600 graduandos.

Se notaban cuatro grupos estudiantiles. Yo pertenecía al de los Políticos, que leíamos todo lo relacionado de Panamá con los EE.UU., y los derechos sociales de los pueblos. Sufrimos violentas represiones de la policía, y un ataque a tiros, de varias horas contra el colegio. Otro grupo eran los parranderos. Solo les interesaba los saraos (bailes) y las fiestas. Algunos de ellos iban bajo los efectos del alcohol a las clases. El tercer grupo eran los enamorados. Pasaban horas romanceando bajo los árboles de almendras. Varios terminaron en matrimonio. El cuarto grupo eran los indiferentes, siendo la mayoría.

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Muchos profesores tenían categoría universitaria. (¡Qué no daría por volver al pasado y gritar: Todo por la gloria institutora!).

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